Un apunte sobre Baudrillard (2)
Cosmopolita — Lun, 09/04/2007 - 17:09
En el prefacio de El Paroxista Indiferente
(Anagrama 1998) Baudrillard efectúa una fusión de conceptos y enunciados. Su tesis se basa en la pérdida de sustancia, o vaciado, de la forma/idea de origen platónico y aristotélico.
A partir de esa pérdida las teorías políticas son incapaces de restaurar la energía, el sentido y el valor de las ideas/formas. El desplome del marxismo no sólo se interpreta como el corolario de sus contradicciones sino como el efecto de una degeneración epistemológica que recorre el pensamiento político occidental. Descartado el valor de cambio por fetichista, denunciada la plusvalía como apropiación indebida del trabajo proletario por parte del capitalista y reducida la historia a una realidad dominada por la lucha de clases asistimos, tras el desplome del comunismo, a un simulacro de economía… “Es el tañido fúnebre del valor de uso. Lo verdadero se borra en lo más verdadero que lo verdadero, en lo demasiado verdadero para ser verdadero, el reino de la simulación (…) estrabismo generalizado del valor (…) diríase más bien que el valor también ha elegido una estrategia fatal, que ha optado por ir más allá de sus propios fines, por una liberación total de su energía en el vacío, por una liquidación completa y una huida hacia delante enloquecida”…
Aquí nos encontramos no ya con el desplome de una teoría económica y política determinada, sino con una corriente más profunda que atraviesa la historia humana y que arrasa cualquier valor/forma de materias diferentes: artísticas, filosóficas, religiosas, psicológicas, etc. Baudrillard argumenta que el sistema-mundo se encuentra atrapado en un modelo político vacío y despojado de esencia que ha hecho masa crítica y que es irreductible a cualquier modificación interna. El proyecto reformista radical emprendido por Marx no sólo tenía por finalidad sustituir el capitalismo por el comunismo, sino también dotar a las relaciones humanas con otro código de valores más fraternal y cooperativo. No entro a ponderar ahora los errores metodológicos y axiomáticos implícitos en la teoría marxista: confundir valor y precio, contradicciones en la definición de propiedad individual, colectiva y estatal, definir la historia como una lucha cainita de clases, abolición del elemento religioso y dar por universalmente válida una teoría autoreferente que sólo es entendible en el marco de sus postulados, sino que sabemos que la libertad, justicia y fraternidad siguen ahí pendientes de materialización. Ante tal estado de cosas Baudrillard contrataca con argumentos platónicos…“ En contra del juego diferencial del valor, el juego dual de la forma: reversibilidad y metamorfosis. Las formas no difieren entre sí, todas ellas son singulares e incomparables (…). A la hipótesis desencantada del valor se opone la hipótesis encantada de la forma. Pues si todos los valores parecen, según un proceso inexorable (las negritas son mías), en vías de desaparición, las formas, en la imaginación al menos, parecen indestructibles. Y la trampa consiste en querer salvar a cualquier precio los valores cuando la pérdida fundamental sería la de las formas”…
Hasta aquí los contenidos nucleares del prefacio de El Paroxista Indiferente. En el primer capítulo del libro Baudrillard señala que el capitalismo ha desarrollado nuevas relaciones productivas donde la tecnología y las máquinas no son antagonistas del trabajador sino aliadas, se trabaja en interfaz con las máquinas y ya no hay un sujeto del trabajo, lo que hay es una operación. El trabajo ha dejado de ser una fuente de riqueza y una energía transformadora para convertirse en una forma de reivindicación de la identidad. El humano ha pasado a ser una extensión del sistema logístico… “El advenimiento de lo virtual es nuestro apocalipsis, y él nos priva del acontecimiento real del apocalipsis (…) pero hay que llegar al final de la paradoja (…) hay que admitir que el movimiento del propio sistema es irreversible, que no existe escapatoria posible en la lógica del sistema”… Baudrillard coincide con otros autores posmodernos al argumentar que no podemos hablar de un sistema político sólido sino de una variedad de subsistemas, proto-sistemas, que se caracterizan por su fugacidad y endogamia, teorías autoreferenciales y desprovistas de un marco universal que permita enriquecer sus respectivos discursos.
Vuelvo a la Historia constituida en el relato de la pérdida de la idea/forma/valor. La geometría euclídea sigue vigente, podemos dibujar la historia como una recta cuyo punto original comienza en la noche de los tiempos y acaba hoy. Esa recta es una cuerda que vibra, se compone de átomos y elementos y posee una esencia/espíritu. ¿Cuándo comenzó la Historia? No lo sabemos, en este sentido somos ignorantes de nuestro pasado. El hecho de desconocer nuestras raíces, al tiempo que nos conformamos con el relato de la súbita aparición de colectivos humanos que emergieron del neolítico, supone amnesia y perplejidad y conduce a investigar este asunto. Tal vez erramos cuando dejamos de lado la venerable cronología mítica. Parece que la razón humana es un nómada que vaga por el espacio sideral en busca de sentido, tratando de ser feliz y sufriendo traumas y desgracias. La razón también atraviesa la franja del espacio-tiempo asolada por el mal, la causa del nihilismo y la amargura. Esa recta que simboliza y penetra la Historia es una cuerda que forma redes multidimensionales, es idea y materia y tiene su correlato biológico en una pléyade de criaturas minerales, vegetales, animales y humanas. A partir de la Ilustración se aporta otra visión de la Historia que contiene varios aspectos: sociales, científicos, económicos y religiosos. Sin embargo, la historia política ya venía articulada de antaño en torno a luchas y relaciones de poder.
La cronología política occidental posee un aspecto dañino que se refleja en la sucesión de guerras y el derramamiento masivo de sangre, parece que tenemos impregnada en el alma la adicción a la tragedia. En Occidente apenas llevamos seis décadas de paz, aunque el cristianismo ya se declaró pacifista 2000 años atrás. ¿Por qué quebraron los idearios ético-políticos que alentaban un modelo de relación humana cooperativo y amigable? Porque los parámetros ideológicos que regían la economía política inducían a luchas crueles por el poder. Sin embargo, la actividad política se asienta sobre un magma emocional colectivo y plenamente carnal que rechaza las realidades violentas, el instinto de supervivencia impone su ley en el ruedo político, el cuerpo rechaza un entorno desordenado y caníbal. La crueldad, entonces, se impone como represión imposible de desublimar, Marcuse dixit. La política sabia es aquella que respeta la armonía del cuerpo con su medio natural y existencial, ahí el odio se encuentra prohibido por contradictorio y absurdo.
Entiendo que Baudrillard fue un ilustrado escéptico, además de testigo privilegiado de la inflación tecnológica que nos rodea y seduce. La aportación epistemológica de la Ilustración no consiste en una reinvención de la Historia sino que nos proporciona una herramienta, la razón, que al menos nos provee de una perspectiva que ordena el mundo. La razón se desplazó del polo divino al humano pero mantiene cualidades luminosas. Ahora no es Dios, sino el hombre, quien diseña el devenir político. El ocultamiento del espíritu, el uno/bien de Platón, no se debe a los ilustrados, el Ser había desaparecido en una cadena de traumas históricos y de las cenizas del desastre surgió el nihilismo, el lamento por la pérdida de la felicidad. El nihilismo es muy antiguo y revela un trauma de la psique colectiva humana. Al contrario de lo que pueda pensarse el nihilismo no es una invención de ociosos, poetas y revolucionarios modernos que se juntan en la taberna a beber vino y proferir maldiciones sino que se presenta desde muy antiguo como mala conciencia y aburrimiento de existir, constituye una prueba de disfunciones sociales e individuales.
Hay dos tipos de nihilismo, una versión fuerte que manifiesta rasgos desesperados y destructores y una versión débil que más parece cinismo y escepticismo y que suele poseer una cualidad poética y emocional. Los miembros más destacados de los Cínicos practicaron la versión débil del nihilismo, denunciaron el sistema político, religioso y económico de su época pero supieron mantener su autonomía existencial en los márgenes del sistema. La religión tampoco se libra de la versión fuerte del nihilismo, ahí tenemos a los yihadistas que se inmolan mientras matan a otros de su misma religión con la esperanza de viajar al paraíso. La lucha política de los egos no repara en medios y contradicciones, se produce una tragedia doble: se asesina en nombre de Dios pero se asesina a un hermano de creencia. Dos contradicciones considerables que apuntan de nuevo al factor pasional como responsable de los actos políticos violentos. Matar en nombre de Dios significaría en palabras de Baudrillard un simulacro de muerte porque no hay una razón sustancial que justifique esa desgracia. La muerte violenta ejecutada en nombre de la divinidad sobre civiles desarmados y hermanos de creencia no es muerte sino fantasía, un ingrediente extremo y pasional del mundo-espectáculo, nihilismo disfrazado de perversión y barbarie. Esto mismo se aplica al terrorismo etarra, a día de hoy matar en nombre de la independencia de Euskadi resulta contradictorio porque hay cauces democráticos para solventar ese asunto. Entonces colegimos que los asesinatos de la banda ominosa sobrepasan el marco de lo político para insertarse en el espectáculo, el simulacro y la fantasía. ¿Es creíble una ideología que asesina por amor al espectáculo, que alienta las pasiones más bajas? No sólo no es creíble sino que es contradictoria, y es contradictoria porque carece de una sintaxis lógica y moral que la justifique. Repudiar el asesinato en nombre de la divinidad y de una sub-ideología terrorista resulta esencial para preservar los valores morales sociales y los fundamentos de la lógica.
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Baudrillard. Ruegos y preguntas
Sintética — Mar, 10/04/2007 - 17:29Me gustaría que te extendieras más acerca de la “pérdida de sustancia, o vaciado, de la forma/idea de origen platónico y aristotélico”.
No entiendo qué significa “cronología mítica”.
¿En qué datos se soportan estas afirmaciones?: “El nihilismo es muy antiguo y revela un trauma de la psique colectiva humana” y “constituye una prueba de disfunciones sociales e individuales”.
No entiendo la función de pero en: “Los miembros más destacados de los Cínicos practicaron la versión débil del nihilismo, denunciaron el sistema político, religioso y económico de su época pero supieron mantener su autonomía existencial en los márgenes del sistema”.
“Matar en nombre de Dios significaría en palabras de Baudrillard un simulacro de muerte porque no hay una razón sustancial que justifique esa desgracia”, dices. No puede ser un simulacro, es la muerte misma la que justifica que esa desgracia ha ocurrido. Igual para ETA, de ninguna manera sus asesinatos pueden ser reducidos al espectáculo, la fantasía o el simulacro, son reales, tan reales como el número de muertos. Ninguna tesis sobre la violencia puede descuidar a las víctimas.
Señalas que hay que repudiar el asesinato para preservar los fundamentos de la lógica. No temas, para acabar con los fundamentos de la lógica no basta el asesinato, hay que pasar al exterminio. El asesinato es repudiable en sí mismo, no es preciso combinarlo con nada más.
Saludos.
Hola Sint
Cosmopolita — Mié, 11/04/2007 - 16:41Hola Sint
No se trata de lo que pienso acerca del vaciado/ocultamiento de la idea/forma, sino de lo que Baudrillard argumenta al respecto. El profesor de Nanterre es un autor inserto en el platonismo, aunque nos aporta datos nuevos sobre este asunto, que, si te apetece, puedes investigar por ti misma :))
El sector superficial de los posmodernos, los que se basan en Wittgenstein, Darwin y algunos lógicos se quedan tan anchos cuando afirman que no existen las “esencias” platónicas ni la “cosa en sí” kantiana. Dicen que el lenguaje no remite a nada sustancial, que no hay argumentos sino juegos semánticos, y, así, el lenguaje no es más que un instrumento de supervivencia. En fin, no voy a renegar de mis orígenes y seguiré investigando la esencia platónica y la cosa en sí kantiana, continuaré amando a Sócrates, Brentano y Husserl :))
Me preguntas qué significa la cronología mítica. No tienes más que leer a los autores que investigaron esta materia y los relatos míticos de Platón. Respecto a mi definición de nihilismo como efecto y ejemplo evidente de un trauma de la psique humana no tengo mucho que añadir. Parece que en un momento de la Historia se rompió la armonía que regía la convivencia social.
En lo que se refiere a los cínicos tan sólo comentar que no combatieron el sistema político de su tiempo de un modo violento sino que lo criticaron desde su posición marginal y precaria. Guardo gran admiración por los cínicos.
Por último, los asesinatos cometidos en nombre de la religión y de las sub-ideologías terroristas admiten una interpretación heterodoxa. En un mundo que se guía por el impacto virtual, el simulacro y el espectáculo la muerte violenta carece de un significado esencial y/o formal, el crimen es la materialización de una semántica perversa y endogámica que contribuye a alimentar el mundo-simulacro, el mundo-espectáculo. En ningún momento dudo de la crueldad innecesaria de esos crímenes y, por tanto, los repudio.
Saludos
Vaya cuajo!
Lucifer — Jue, 12/04/2007 - 10:04Vaya, tenemos otro más de la horda de los que dicen que buscan el santo grial y no hacen más que echar fuego por la boca. Muy original mezclar a Wittgenstein con la postmodernidad. Chanante de verdad. Cuándo usted y los otros como vd que siguen su "Quest" van a dar un paso adelante y mostrarnos del maravilloso tesoro que les aguarda, al menos una gema que nos deslumbre: Espero que su condescendencia nos aporte algo más que resentimientos y tantos "ubi sunt".Y por favor, los puntos y aparte no son un indicativo de degradación. Aprecie el buen gusto de su uso. Para vilipendiar hay que tener talento, usted no es Valle-Inclán ni Quevedo, de un paso hacia adelante y deje de mirar a su alrededor con asco. Esa afectación ya nos es muy conocida.Hasta más ver, queda suyo afectísimo
Luzbel, Prince of Darkness
Baudrillard y eso
Sintética — Jue, 12/04/2007 - 20:23Naturalmente puedo investigar por mí misma acerca de la “pérdida de sutancia, o vaciado, de la forma/idea de origen platónico y aristotélico”, aunque siempre sería peor que investigarlo contigo, y es oportuno, aunque yo no haya expresado interés por tus ideas al respecto, que aclares que no se trata de lo que pienses tú sino de lo que argumenta Baudrillard. Hágote notar, en correspondencia, que yo no he contestado a ningún texto de Baudrillard; que te suponía presto a aclarar, discutir o defender las ideas que presentas, aunque fueran ajenas, y que lo presentado por ti, sin la explicación que reclamo queda, ahora sí, vacío. Mi pregunta simplemente pretendía poner de manifiesto este último aspecto, me doy por satisfecha. :-p
He leído bastantes veces, con detenimiento, todos los diálogos de Platón, también las cartas y muchos textos de grandes eruditos sobre el tema; he leído, algunos varias veces y en distintas traducciones, todos los textos de mitología clásica que conservamos, no son tantos. Es lo anterior lo que me movió a formular la pregunta que repito esperando no ponerte en un compromiso: ¿qué significa cronología mítica? Podría ser que estuviera equivocada y justo hubiera omitido la lectura del texto clave para entender el concepto o que un descuido sea la causa de que la expresión me devuelva un conjunto vacío, pero al leer "Tal vez erramos cuando dejamos de lado la venerable cronología mítica", tiendo a interpetar que "cronología mítica” es una contradicción imposible que propones recuperar.
Compartimos admiración por los cínicos.
Amigo Cosmo, lo peor que podría ocurrir en este mundo es que tomemos las muertes reales como simulacro. El concepto opuesto a 'simulacro' es 'cadáver'.
Dices: “Parece que en un momento de la Historia se rompió la armonía que regía la convivencia social”. ¿Podremos recuperar la armonía en vida?
Me alegra volver a leerte. Saludos.
Hola Cosmopolita
Nakai — Dom, 15/04/2007 - 11:29Tu mención a Darwin es lo que me hace escribir estas líneas, pero ya aprovecho para darte expresamente mi más cordial bienvenida.
Las ideas que Darwin expuso en 1859, en "El origen de las especies", entraban en conflicto con varias creencias básicas de su tiempo: unas tenían que ver con dogmas religiosos y otras eran filosofías laicas. Una de estas filosofías laicas era el esencialismo.
Muchos de los contemporáneos de Darwin que aceptaban la evolución eran incapaces de abandonar su visión esencialista. Así surgen las llamadas "teorías saltacionistas", como una consecuencia de creer, a la vez, en la evolución y en los "tipos constantes": el cambio evolutivo consiste en la producción repentina de un "nuevo tipo".
Para Darwin las especies evolucionan como poblaciones que se transforman, debido al éxito reproductivo diferencial de individuos concretos a lo largo de generaciones. Esta idea le lleva a la de "evolución gradual". No especifica nada sobre la velocidad concreta a la que el cambio pueda ocurrir.
Ése es el desafío de Darwin a la teoría de las esencias.
Saludos.
Hola Nakai
Cosmopolita — Lun, 16/04/2007 - 17:07Hola Nakai Para no perdernos en una marejada de datos, autores y teorías conviene ceñirnos al discurso de Baudrillard. El profesor de Nanterre parte del esencialismo propuesto por Sócrates, Platón y Aristóteles. Lo que alarma a Baudrillard es la desaparición de la red esencial (eidética) que subyace a los fenómenos y teorías filosóficas y políticas elaboradas por el conocimiento humano. A Sócrates le asombraba que el 1 perdiese su unidad al añadírsele otro 1. Y que el 2 perdiese su dualidad al sumársele otro 1 que lo convierte en 3. Comprendió que los números constituyen signos que sólo encuentran sentido en una malla subyacente de categorías y operaciones ordenadas y jerarquizadas en y por una sustancia o código común. Si el 1 pierde su unidad por adición o resta debe haber necesariamente un código lógico y eidético que permita salvar el concepto de unidad más allá de las posiciones arbitrarias que los números ocupen en un teorema determinado. Si no hay un metalenguaje y/o una axiomática eidética que explique y permita relacionar los factores que se dan cita en el acontecer teórico y político humano nos abocamos al pragmatismo, al anarquismo metodológico o la ciencia como un relato subjetivo (Feyerabend), al relativismo epistemológico (Kuhn), a los juegos semánticos (Wittgenstein) y al peor Darwin. Ahora bien, lo que proponen los tres sabios griegos, y a mi juicio lo proponen de un modo insuperable, es categorizar el mundo y el sujeto que lo percibe. Si bien el mundo y sus fenómenos son una conceptualización racional no por ello debemos polarizar esa conceptualización hacia interpretaciones hipersubjetivas y carentes de una red de símbolos y significantes que le dé sentido. A Darwin lo podemos interpretar a partir de dos ópticas, una pragmática y otra eidética. Resulta posible conciliar a Darwin con el esencialismo siempre y cuando el sujeto que los concilie disponga de una arquitectura de símbolos y signos que no deriven hacia las máximas de “la existencia la define el más fuerte”, “sólo la teoría más eficiente es la verdadera”, “en la jungla humana no triunfa la cooperación amigable sino la lucha cainita y feroz”, etcétera. Con este tipo de asertos los extremos se tocan, resulta imposible argumentar que el capitalismo democrático es la teoría política más eficiente mientras en su seno proliferan el militarismo, el terrorismo y esa angustia difusa que llamamos incertidumbre. Es decir, no cabe efectuar una interpretación política de Darwin desde la óptica del relativismo sino desde un inventario de categorías éticas y estéticas que obedecen a una armonía gnoseológica y existencial. En resumen, sigo a los lógicos cuando hablan de distinguir la sintaxis de la semántica. Wittgenstein comprendió que perderse en las variaciones semánticas conducía a un callejón sin salida, tuvo la lucidez de decir que sin una sintaxis/proposición/sentido coherente de lo que se infiere y argumenta “es mejor callar”. El austriaco calló, pero antes de silenciarse obligó a Rusell a abandonar el atomismo lógico acusándolo de aporético, estuvo a punto de golpear a Popper con un atizador y se enfureció con el teorema de indecidibilidad de Gödel. Me pregunto si esos “tipos evolutivos darwinianos” a los que aludes serán capaces de construir teorías y realidades humanas que no rompan con la invariancia eidética propuesta por Sócrates, Platón y Aristóteles. Mientras alguien no me convenza de lo contrario me seguiré guiando por el eidos. Saludos
Aclaraciones
Nakai — Mié, 18/04/2007 - 09:36*** Dices: Me pregunto si esos "tipos evolutivos darwinianos" a los que aludes ...
Sospecho que no se me entendió. Hablar de "tipos", en este contexto, implica adoptar el punto de vista esencialista, que no es el de Darwin. Darwin es gradualista.
En mi anterior post, uno de los párrafos (el 3º, creo) contiene el término "tipo", pero dicho párrafo se refiere al punto de vista que adoptaron los saltacionistas. El punto de vista de Darwin (gradualismo) aparece en el párrafo 4º.
De modo que el uso del término "tipos evolutivos darwinianos" demuestra que no se conoce el pensamiento de Darwin.
*** Dices: Resulta posible conciliar a Darwin con el esencialismo siempre y cuando ...
De ninguna de las maneras. El concepto de "transformación gradual de una población" no puede ser concebido bajo unos presupuestos esencialistas.
CONCLUYO, a modo de resumen y como AVISO a NAVEGANTES, que:
1. La única relación de DARWIN con el ESENCIALISMO es de OPOSICIÓN.
2. Dicha relación resulta ser: EN EL CONTEXTO DEL ORIGEN DE LAS ESPECIES, DARWIN ADOPTA EL CONCEPTO DE TRANSFORMACIÓN GRADUAL. De ese modo, RECHAZA LAS TIPOLOGIAS, es decir, RECHAZA EL CONCEPTO FIJISTA DE ESPECIE.
ADENDA:
Hablas por ahí del "peor Darwin" ...
Si no indicas a qué teoría de Darwin te refieres, NO PUEDO DEBATIR. ¿Te refieres a la del origen común?, ¿a la de la selección natural? ¿gradualismo? ¿a la idea de evolución como tal?... ¿a cual?.
Saludos Cosmo.
(es un placer debatir contigo)
Tranquilo
Cosmopolita — Mié, 18/04/2007 - 13:24Hola Nakai En efecto, hablamos de cosas distintas. Desconozco a qué esencialismo te refieres cuando hablas de darwinismo. Yo me refiero al esencialismo (eidetismo) propuesto por Sócrates, Platón y Aristóteles. El resto de mis reflexiones parten de ahí, aunque rechazo esa versión que se hace de Darwin para justificar los abusos de los fuertes sobre los pacíficos. Saludos
Matrix
balsero1968 — Mar, 10/04/2007 - 18:22Cuando Cosmopolita publicó el primer post sobre Baudrillard dije en alguna parte que sólo le conocía por la pena que le producía a Baudrillard la pérdida de importancia de la economía política frente a los valores postmaterialistas y por la identificación que el filósofo hace de las actitudes políticas modernas con iconos y no con 'realidades'. Como si viviéramos en un mundo virtual y no distinguiéramos la 'realidad' de los 'simulacros'.
Hoy se produce una coincidencia asombrosa. El segundo post sobre el tema de Cosmopolita mientras Sintética llama nuestra atención sobre el Manifiesto por la Convivencia. Así, Baudrillard se pregunta si no vivimos en un mundo virtual, idea presente en Simulacra, y los firmantes del manifiesto dicen
Sólo que Baudrillard advertía de estas cosas hace la tira de años. Como anécdota hacer notar que cuando comienza la película The Matrix el libro donde Neo esconde sus virus informáticos es Simulacra y está abierto por el capítulo Nihilismo (donde no hay nada porque Neo ha hecho un agujero).
saludos
r.
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