Mirando
LunaBruna — Jue, 24/04/2008 - 21:09
Ella vive en el barrio más antiguo de Valdeperrillos. También su casa es vieja y bonita, tiene solera. Las calles de su barrio son estrechas y están repletas de rumores y de aromas que sólo sus habitantes saben reconocer. Si, ya sabes, ese tipo de calles de aspecto felino que a cualquier hora del día están a medio camino entre el sueño y la vigilia. También ella vive en duermevela y en las noches escucha de lejos el rugido larguísimo del león que recoge la basura y el quejido desgarrado de los gatos que caracolean a la luz de la luna. Desde hace varios días la despierta con las primeras luces del alba el ronquido del tigre que reparte los periódicos. Anda mal de ajustes el motor de ese felino, pero a ella no le importa madrugar y con pereza en el gesto, se despereza y prepara un café fuerte que saborea asomada al ventanal del salón, mirando directamente a la casa de enfrente, que apenas dista tres metros de su propia casa.
Y por allí pasea la mirada y con ella entra por la ventana de ese otro piso viejo y lo recorre guiada por la luz blanda del amanecer que, como ella, curiosea también en esa casa.
No es una visita nueva, la ha hecho mil veces. Es un apartamento pequeño, rehabilitado y casi siempre vacío, aunque de vez en cuando se alquila por semanas. En medio de la sala hay una mesa y hoy, por primera vez en tantos años, la espera una sorpresa.
Tropieza su mirada con el cuerpo magnífico de un hombre joven completamente desnudo. Está ahí, de espaldas, planchando una camisa. Es muy hermoso. Se queda mirándole mientras toma el café despacio, a sorbitos pequeños, soplando para no quemarse; soplando para que él no se de la vuelta y no la vea mirar. Mirando. Es un minuto con aroma mágico.
NOTA: Las imágenes son estudios de hombre desnudo de Miguel Ángel Buonarroti
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