España es un país que ha vivido su historia flotando de posguerra en posguerra haciendo de tripas corazón y soslayando la pobreza de muy variadas maneras. Y en ello estamos otra vez. La verdad es que es más fácil que las grandes soluciones surjan de la misma pobreza que de la abundancia, por ejemplo, siendo pobres es más fácil morirse y dadas las circunstancias no vendrían mal unos cinco o seis millones de muertos.
Es hora ya de desmitificar el maldito mantra ese de la salud, total todo el mundo se muere y si toca, toca, así que menos aspavientos. De hecho, las rogativas por lo bajini se estarán haciendo ya para que mueran pronto -aunque sea de hambre- los viejos pensionistas y dependientes y también aproximadamente unos cuatro millones de parados; no más porque, como se verá, comenzará un nuevo formato de economía sumergida consistente en la caza de ratas. Avanzo la idea: no hay que obsesionarse por una alimentación infantil pobre en proteínas, hay al menos siete ratas por habitante y semana en todas las ciudades españolas y a poco que se mueva uno seguro que es fácil darles caza y no tardaremos en imaginar sabrosas recetas de ancas de rata y en tener las alcantarillas casi desinfectadas.
Otro mantra que hay que desmitificar es el de la cultura universal y tal. Ignorantes ha habido siempre, ¿y qué? ¿acaso no se es la mar de feliz siendo ignorante? en cualquier caso, tampoco es tan malo que los niños aprendan a multiplicar cantando y sumar jugando a las chapas y que crezcan académicamente ignorantes; además, hoy día y en una sociedad tan abierta a la comunicación algo aprenderán viendo la tele.
Cosas a recuperar:
-Los atardeceres a la fresca en la calle, los braseros y las luces de carburo.
-los currantes esclavos de largas jornadas y un salario de mierda que llegan polvorientos y cansados a un hogar pobre pero limpio y lleno de amor
-las amas de casa esclavas de la maternidad y del hogar pero muy esmeradas en las cosas del aseo: ropa zurcida y niños trapilavados* con un agua que se usa después para lavar la ropa, luego para fregar los platos, luego los suelos y la escalera y por último para salpicar la calle y pasar el escobón, así las tertulias a la fresca serán menos polvorosas y tendrán un aspecto de elegante pobreza
-las canciones populares, la tuna y las rondallas, esto es muy importante porque cohesiona al grupo.
Reconsiderar:
La importancia de que los políticos se afanen en establecer un orden público muy conveniente recordando que las cosas del vulgo son mayormente privadas y no hay que tocarles las narices a los pobres paisanos explicándoles los fundamentos de la realidad que viven o manteniendo decimonónicas ideas de justicia, derechos y libertades. Un poco de respeto, caramba, bastaría que encima los politicastros esos pretendieran que hay libertades públicas y objetivas. Ellos a lo suyo, que se muevan sólo en espacios acotados y de poca visibilidad y que, más anchos que largos, ignoren la realidad política (que es la de los ciudadanos) y puedan pensar sin que la conciencia ignorante les remuerda, cosas como “que se jodan” o “ya era hora”, y que se gusten y se aplaudan mucho y saquen la policía a la calle porque ellos, inflados como globos, 'más prefieren la injusticia al desorden'.
Y si la cosa se pone aún más fea queda todavía emular aquella rompedora “Modesta proposición para acabar con el hambre en Irlanda” de Jonathan Swift.
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*lavados con trapos especialmente tras las orejas
