Cícladas

Quizás hace algún tiempo, no demasiado, el mundo de la razón en sí no existía. Existiría el pensamiento y la inteligencia, claro, pero no esa herramienta moderna y fundamental que es la razón. Quizás hace sólo cinco mil años, eso fue ayer, era cierto todo lo que contaban: existían dioses furiosos y vengativos que hablaban con los hombres; quizás había hombres mágicos movidos por el genio, capaces de enfadarse y plantar cara a los dioses. 

Quizás existían animales con sensibilidad humana y humanos con sensibilidad animal. Quizás sea cierto que había varones a los que les nacían hijos de los muslos o de la cabeza sin mediar mujer. Quizás los hombres mutaron en algún momento y se nos volvió recta la magia y aprendimos a razonar.

 

Hace casi cinco mil años había islas salpicando el mar pobladas por pescadores y marineros, sembradas de piedras y animadas por genios. El mar más apetecido, el generoso, dibujaba curvas suaves y se prestaba al genio. La mentalidad de la gente del mar, también. La línea que dibujaron en sus utensilios es como la que trazan las olas,  es abierta, se aleja para volver sobre sí misma, se cierra para volverse a abrir, es intemporal, libre, impulsiva. Es emoción, manifestación de lo inmediato y efervescente que ni se alarga en el tiempo ni termina, que no se intelectualiza y que de hecho solo puede ser pensada racionalmente cuando deja de ser sentida. Quizás hace cinco mil años la gente del mar era así, emoción conviviendo con dioses, casi igual que las olas y el agua salada. 

Y estaba la tierra. La dureza de una tierra agreste y más cicatera que el mar, pero segura; dura en sus aristas,  recta y correcta en las líneas que dibuja en sus espacios estáticos y bien definidos.  La tierra frente al mar, excepto si los volcanes y terremotos la enloquecían, fue siempre un espacio estable y firme en el pudo desarrollarse la emoción del arte y también la vida racional de los hombres cuando algo -o ellos mismos- puso fin a su relación cotidiana y directa con los dioses. 

Y estaba la piedra: mármol, alabastro, jaspe, obsidiana, creta…  Piedra dura, blanda, porosa, oscura, blanca, irisada, traslúcida y opaca. Todo en uno o cada uno a su aire. Piedra en la que el mar y la tierra se encontraron para hacerse arte, piedra capaz de referir el fulgor de la aurora y del ocaso; capaz de atrapar el brillo de la noche y de mover en sus vetas las olas del mar.

Y aquellos hombres que en sus islas cohabitaban con dioses, tuvieron la magnífica capacidad de desnudar la piedra. Desnudarla en parte o hacerlo del todo sin dejar en ella nada que no fuera esencial, ninguna cualidad, ningún disfraz. Es imposible no sucumbir a uno de los momentos más maravillosos de la historia del arte. Es un momento que sucedió en el tiempo, pero sin tiempo, hace casi cinco mil años en las Cícladas y hoy día continúa en otras partes del mundo, a orillas de otros mares y en el ánimo de otros hombres de genio mágico.

____________________________________________________

Como siempre, me alegraré si os ha gustado.

Y sin venir a cuento, sólo porque me gusta, dejó aquí la imagen de un "siurell" mallorquín. Es un silbato, un juguete para niños que se vendía en las ferias comarcales, una típica figurita isleña de cerámica cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos y en las profundidades del mar.

Comentarios

#1 -

Me ha gustado. Y mucho.

 

 

#2 -

Querida Antonia-LunaBruna que eres dos en una:

Desde que por primera vez leí tus reflexiones me percaté que siempre había considerado por un lado ese mundo, mezcla de humanos y dioses cuyos límites resultan difusos, hasta el mundo de la razón. Uno asume que así fue y así sucedió. Hasta que alguien como tú, en un momento mágico, vuelve a lanzar la manzana de la discordia a la mesa del banquete. Y provoca una reacción. Reacción que me ha llevado a pensar e intentar buscar una explicación. Creo que he llegado a una conclusión relacionada a tu pensamiento:

Quizás los hombres mutaron en algún momento y se nos volvió recta la magia y aprendimos a razonar.
 

Tal vez el puente entre ambos mundos lo construyó Aristóteles. Un puente construido en base a la razón, trazando el duro camino sembrado de obstáculos que significa el arduo esfuerzo de intentar explicar al mundo tal como es y no explicarlo en función de los dioses construidos para intentar una explicación fácil y menos dolorosa.

Respecto a las imágenes maravillosas de la expresión artística, te agradezco. Son asombrosas. Algunas las conocía. ¿Cómo es que personas que según nuestro mezquino concepto los llamamos primitivos alcanzaban tan altos niveles de expresión abstracta de la forma? Tuve el privilegio, por esas circunstancias de la vida, de viajar muchos kilómetros, ver muchos paisajes y visitar lugares increíbles, como tantos hay en la tierra. Fue en el medio oeste de Estados Unidos, en el este de Utah, viajando por la tierra de los cañones, pasmado por el arte que la propia tierra expresa en sus paisajes, llegué a un sitio donde hay unos petroglifos que por sí solos son una maravilla. Ahí me estalló el cerebro. Me paré ante esas rocas y fui saturado de información. Pero esa información me llegaba por un proceso distinto al cotidiano. No era un proceso por el cual se leía un texto hilvanado con palabras ayudan a construir las imágenes asociadas a la narración. En este caso directamente las imágenes entraban directamente al cerebro y eran procesadas como tales con una interpretación directa, sin los pasos intermedios. Mirando una de las rocas pletórica de expresiones mi cerebro se llenó golpe con poesía, de magia, de historia, de hechos, de organización, de placeres, de conflictos, de amor, pasión, trabajo, esfuerzo, economía, de todos esos pequeños y grandes conflictos humanos que hacen a la vida cotidiana. De lo que expresa esa roca perdida en un desierto, uno, si fuera lo suficientemente bueno, podría reescribir la Ilíada, la Guerra y la Paz, el Génesis, y hasta la Riqueza de las Naciones por mencionar algunos ejemplos de los textos referentes de nuestra civilización actual. Pero uno es una simple ameba intelectual que a duras penas puede trasmitir esa experiencia.

Por otra parte, para mí todo significa arte. No sólo las esculturas que nos muestras. Tallar una piedra hasta obtener una eficiente cabeza de flecha es arte. Construir una perfectamente recta asta de la flecha es un arte. Incorporarle pedazos de pluma en un extremo para que sea más precisa en su trayectoria es arte. Construir el arco adecuado para disparar esa flecha es arte. Acertar en el blanco en el sitio en el que va estar cuando llegue la flecha, no apuntar al cuello del venado en el momento que está pastando, es un arte extremo. ¿Por qué, para mí que soy nadie, es arte todo esto? Porque en ninguno de esos casos se consideraron leyes de la física que explican todos los procesos. Entonces primero fue la construcción y luego la explicación. Igual que el mundo de los dioses y luego el mundo de la razón. Ningún cazador que disparaba una flecha para obtener el sustento de su familia y clan pensó en ecuaciones diferenciales y en parábolas. Lo hacía su cerebro, antes que fuera descubierta la explicación. Esa es una de las tantas fascinaciones de este mundo.

Copio un pobre enlace:

http://en.wikipedia.org/wiki/Newspaper_Rock_State_Historic_Monument
 

Abrazos

Luis

 

#3 -

Gracias por tu comentario, Luis amigo.

Tal como yo imaginao la mutación que minimizó la inteligencia mágica, la cosa debió ser más o menos así:

Hubo un tiempo, cuando el mito era el mejor argumento para explicar el mundo, en que los dioses eran mucho más poderosos que sagrados, los hombres convivían con ellos y se subsumían a ellos por temor, no por respeto ni por amor. Los dioses eran apasionados, se enfadaban, se vengaban, se paseaban con sandalias por la tierra  y hablaban con los hombres cara a cara: haz esto, haz aquello, ve allí, come esto, no comas aquello, etc. emitían leyes, parecían poderosos nobles feudales  que a cambio de la sumisión prometían fortuna, una larga estirpe y a veces, incluso, la inmortalidad. Y esto sucedía en todas las culturas y en todas las partes habitadas del mundo.

De pronto algo cambió. Fue una rapidísima evolución: los dioses desaparecieron de la tierra y poblaron los cielos o alturas inaccesibles, dejaron de vivir y de hablar directamente con los hombres. Si no me equivoco, el último hebreo que habló con su dios directamente fue Moisés. En otras cosmogonías sucedió lo mismo. Lo que quedó entre los hombres fueron hombres más o menos poderosos -pero hombres- , y ese conjunto de dogmas, creencias  y esperanza en el regreso al paraíso que llamamos religión.

Y así como los mitos se habían formado desde la convivencia real y mágica con los dioses, las creencias que dieron lugar a  las religiones se sostienen en lo intangible y en los ritos, de manera que como creencia son más vulnerables y fáciles de abordar por la razón. La magia quedó en el recuerdo de la especie, en la mente de los locos y en el empeño de los artistas.

Naturalmente no pretendo afirmar  que aquel mundo primigenio y mítico  en el que dioses y hombres convivían, fuera en algún momento real. Lo que sí existía era una mente capaz de entenderlo como posible y plausible. Hoy explicamos la visión cosmológica de nuestros antepasados  suponiéndoles la ingenuidad e inocencia de los niños  aunque sus mitos son verdaderamente complejos y aquellos congéneres nuestros que hace cinco mil años explicaban el mundo con mitos eran iguales que nosotros, con la diferencia de que su inteligencia no les llevaba a pensar que todo aquello eran majaderías. Quizás porque no lo fueran y porque su mente mágica estuviera muchísimo más desarrollada que la nuestra siendo así que algunos de ellos fueran capaces de ejercer poderes extranaturales y ser también dioses, demonios, ángeles etc. No hay duda de que la idea de dios que transmiten los mitos tiene poco que ver con la que aportan las religiones.

No me parece que Aristóteles fuera el puente entre la mente mágica y la racional, este puente empezó a tenderse mucho antes y estuvo lleno de la oscuridad y majaderías que aportaron las religiones. Lo que hicieron los grandes filósofos clásicos fue confrontar las majaderías oscurantistas  de los años de transición con la realidad, y explicarlas desde la razón. Pero para entonces la mutación que menoscabó  la inteligencia mágica ya se había producido.